Cómo se funde el vidrio de botellas descartadas en placas translúcidas
Publicado el 14 de marzo de 2024 · Proceso de taller
Del contenedor de vidrio del barrio a una superficie con vetas verdes y turquesas: el trayecto no es corto, y casi todo lo interesante ocurre antes de que el horno entre en escena.
El vidrio de botellas verdes y transparentes llega al taller mezclado, con restos de etiquetas y algún tapón que se coló en el camino. Lo primero es separarlo por color y retirar cualquier material que no sea vidrio, porque una sola pieza metálica puede arruinar una colada entera. Después se tritura hasta obtener fragmentos de distinto grosor, se lava para eliminar azúcares y residuos, y se deja secar al aire antes de la fusión. Ese secado no se apura: la humedad atrapada genera vapor dentro del molde y abre grietas que aparecen recién al día siguiente.
En el horno, los fragmentos se depositan en capas dentro de un molde refractario y se calientan hasta que pierden su forma original sin volverse completamente líquidos. Esa temperatura intermedia es la que conserva pequeñas burbujas y vetas, y la que hace que cada placa tenga un dibujo irrepetible. El enfriamiento debe ser lento y controlado, de lo contrario el vidrio se agrieta por el contraste térmico. El resultado son placas de espesor irregular que filtran la luz y cambian de tono según la hora del día.
Cada lote queda registrado con la fecha de recogida y el origen del material, así que la placa que sale del horno todavía puede contar de dónde vino su vidrio.
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