Bridgport Trophies

El taller donde el residuo cambia de forma

En Bridgport Trophies trabajamos con lotes pequeños de vidrio y plástico recuperado: cortamos, pulimos y ensamblamos a mano, registrando el origen de cada fragmento para que la pieza conserve la memoria del material del que nació.

El degradado turquesa mate se aplica en capas sucesivas y la refracción varía según el grosor del vidrio, así que ninguna estela sale idéntica a otra.

Piezas salidas del taller

Cada placa, bloque o panel que aparece aquí pasó por las mismas manos y el mismo banco de trabajo. Registramos el origen del residuo, el número de lote y la fecha de prensado, así que las variaciones de color y de textura no son un defecto: son la huella del material que llegó esa semana.

Bridgport Trophies our work

Vidrio de botellas verdes · lote 24-07

Placa fundida en tres capas

Fragmentos de envases separados por color, lavados y fundidos sin llegar a líquido. El enfriamiento lento dejó las burbujas repartidas de forma desigual, más densas en el borde inferior.

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HDPE de tapones · prensado en frío

Bloque de sobremesa con inclinación

Escamas de tapones blancos y azules prensadas durante seis horas y lijadas en cuatro granos. El grabado del lote queda en la cara posterior, fuera de la vista cuando está apoyado.

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Vidrio de ventana y frascos · 40 × 60 cm

Panel para tamizar luz de mediodía

Espesor irregular a propósito, montado con perfil de aluminio recuperado y sin adhesivos. La superficie dispersa el haz directo y deja pasar una claridad pareja hacia el interior.

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Clasificación previa · lote 24-11

Mezcla de tonos para una estela corta

Verde, ámbar y transparente combinados en proporción distinta a la habitual. El resultado tira a turquesa apagado y conserva una veta ámbar atravesando la base.

Si quieres ver el detalle de un lote concreto o el registro de trazabilidad de una pieza, escríbenos y lo revisamos contigo. Solicitar información del taller.

De una bolsa de envases a una estela con memoria

El taller empezó con una idea sencilla: guardar el vidrio que sobraba en cada evento y devolverlo convertido en algo que pudiera quedarse sobre una mesa. No hubo un plan de marca ni un local pensado para producir en serie. Hubo un horno prestado, una trituradora de segunda mano y la costumbre de anotar en un cuaderno de dónde venía cada fragmento.

Los primeros lotes

Las placas iniciales salían con demasiadas burbujas y se agrietaban al enfriar. Aprendimos a bajar la temperatura por tramos y a dejar reposar el molde durante horas. Ese ritmo lento sigue igual: cada colada se vigila a mano porque el vidrio recuperado no se comporta como el vidrio nuevo.

El turquesa mate como decisión

El degradado no fue un capricho estético. Al aplicar el color en capas sucesivas sobre el plástico recuperado, la superficie dejaba de reflejar como un espejo y empezaba a filtrar la luz. Adoptamos ese acabado porque permitía leer las vetas y las irregularidades sin esconderlas bajo un brillo artificial.

Trazabilidad del residuo

Con el tiempo incorporamos el registro por lote: se anota el origen del vidrio y del plástico, el color base y la fecha de fusión. Así, cuando una institución pide una pieza para recordar un aniversario, sabemos qué material la compone y podemos contarlo sin adornos.

Lo que cambió al crecer

Pasamos de un taller doméstico a un espacio con zona de corte, pulido y prensado separadas. La producción sigue siendo de lotes pequeños, pero ahora hay margen para probar espesores distintos y perfiles de aluminio reciclado que no necesitan adhesivos. Lo demás se mantiene: la huella del material original sigue visible en cada pieza.

Mirando atrás, el recorrido no fue lineal. Hubo pruebas descartadas, placas rotas y colores que no funcionaron. Lo que quedó es un método de trabajo que respeta el origen del residuo y una forma de mirar el vidrio usado como materia con historia propia.

Del fragmento de vidrio a la estela conmemorativa

El taller trabaja por lotes pequeños y cada etapa deja registro. Estas son las fases que siguen las piezas desde que llega el residuo hasta que queda lista para apoyarse sobre una mesa.

  1. Primavera de 2019

    Selección y trazabilidad del residuo

    El vidrio de botellas verdes y transparentes llega mezclado con etiquetas y tapones. Se separa por color, se retira cualquier fragmento metálico y se anota de dónde viene cada partida. Ese registro acompaña a la pieza hasta el final.

  2. Otoño de 2020

    Triturado, lavado y secado al aire

    Los envases se rompen en fragmentos de grosor desigual. Un lavado con agua retira azúcares y restos de adhesivo, y después el material se deja secar sin forzar el proceso. La humedad sobrante arruina una colada completa.

  3. Verano de 2022

    Fusión en capas y degradado turquesa mate

    Los fragmentos se depositan por capas dentro de un molde refractario. El calor intermedio conserva burbujas y vetas, y sobre esa base se aplica el degradado turquesa en pasadas sucesivas. El enfriamiento se controla despacio para evitar grietas por contraste térmico.

  4. Invierno de 2023

    Ensamblaje con plástico recuperado

    Las placas de vidrio se unen a bloques de HDPE prensado en frío, lijado a mano y sin barnices. Los bordes quedan pulidos, pero la superficie mantiene la textura del material original. Cada unidad lleva grabado el año y el número de lote.

  5. A lo largo de 2024

    Pruebas de refracción y ajuste de inclinación

    Antes de cerrar una pieza, se prueba cómo atraviesa la luz según el grosor y el ángulo de apoyo. Se corrigen inclinaciones para que el juego visual se proyecte sobre la superficie sin deslumbrar. No se busca la uniformidad, sino la coherencia entre origen y forma.

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